Noches sobre cenizas.


Merodea por las calles oscuras desde hace años; ocultándose rabiosamente de las multitudes; evitando el ruido excesivo, las palabras sin sentido de los huéspedes de la urbanidad. Noctámbulo por naturaleza, él es habitué de antros capaces de dar cobijo a cualquiera que quiera divorciarse de la soledad y el desamparo por un rato. Conoce estrictamente como la noche se mueve, a qué lugar ir cada día, para así terminar en un bar con dos o tres desconocidos más que, como él, hallarán en el oído anónimo al mejor amigo se sus vidas, con la virtud de que esa amistad caduca, inevitablemente, con el amanecer.
Así es como, entre gris y negro, Gaspar construye sus días, habitando mesas en recovecos, arrinconadas al desprecio, envueltas en un cono decrépito de luz amarga y pálida; luz que baila coqueteando con el humo que se escabulle por entre los labios de Gaspar, una y otra vez, logrando hacer de su atmósfera un basural intangible de tabaco nauseabundo. Allí, con movimientos cuya lentitud es su principal fuente de vida, observa, callado, el vacilar de las agujas del reloj, con su gesto maltrecho de odio indefenso, mientras los cubos de hielo se empequeñecen hasta terminar siendo parte del whisky aguachento de origen dudoso; y Gaspar le da otra pitada a su cigarro, y luego separa en cámara lenta sus gruesos labios dejando escapar el pesado y gris humo que se desliza indeciso hasta que, a medio metro, su columna se quiebra y sus rumbos se separan hasta disolverse en viajas pitadas, en antiguas columnas de distintos dueños.
Tiene la habilidad de convertir cada movimiento en un ritual, en una larga ceremonia de rígido protocolo, la habilidad de convertir su vida en una sucesión de días cuya finalidad nunca está del todo clara. Gaspar ha guardado ambiciones para usarlas nunca jamás; creció hace mucho como chico bien de una sociedad elitista, fue abogado, licenciado en letras y pecador asiduo. Luego de la muerte de sus padres se encargó de hacer de la herencia un sueldo modesto cada mes, eternamente. Y entre vida sencilla, siempre noctámbula, creyó poder ensamblar palabras con cierta habilidad en manuscritos que nunca llegaron a ser arte. Sin embargo, en esas confesiones con murciélagos como él, siempre menciona que es escritor, y cuando está de suerte y halla a alguien que comparte gustos literarios su rostro se transforma y un tímido brillo aparece en sus ojos. Allí permanecen, entonces, por horas debatiendo y buscando analogías entre autores de todas las latitudes y épocas.
Pero un sinsabor empalaga su paladar cada amanecer al retornar a casa. Será, por caso, el sinsabor del fracaso; rotundo, atroz. Gaspar pudo, no una, no dos, sino millones de veces lograr algo, dar algún sentido a semejante existencia pasajera; pero siempre se quedó parado en el umbral, temeroso, débil, fabricando excusas. Ha tenido tanto miedo a arriesgar que nunca pudo, ni por poco, acercarse al éxito; convertir en algo que valgan la pena esas letras que se almacenan juntando polvo en infinitos cuadernos manuscritos. Tal vez es por eso que disfruta de la noche, que se siente cómodo entre las sombras; porque en escenario de cadáveres vivientes el fracaso se disimula mejor.
Mientras los años se apiñan en sus hombros y el tabaco en sus pulmones, mientras las noches se suceden inútilmente y los días se marchitan ignorados, mientras Gaspar silencia en mesas pétreas sus anhelos y la vida va dando paso al deterioro; todo comienza a denotar que en su afán de no equivocarse en las apuestas, se ha equivocado enormemente en permanecer con las fichas en las manos, fichas que comienzan a escabullirse por entre los dedos, desintegrándose mientras piensan en lo que pudieron ser y no fueron.
La obviedad señala que a veces sí es demasiado tarde para intentarlo, y sobre los cimientos de ese nuevo aprendizaje, Gaspar construye el principio del fin de una vida sin demasiadas anécdotas, una vida de noche, nublada por el humo, por el silencio, el fracaso y la soledad. Una vida prescindible de quién dejó sueños truncos debajo de un colchón de temores.Technorati Profile


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11 Comments:

  1. Gasper said...
    Pobre Gaspar!!!
    Se dará cuenta que se encontraba vivo cuando la Parca se lo quiera llevar con ella, y él, recordando viejos olvidos, acepte el paseo, mientras guarda el paquete de cigarrillos para el viaje.

    Me gustó mucho, Emmanuel!!!
    (y disculpá mis últimas ausencias, pero problemas ajenos a la empresa y mis voluntades me alejaron de este barrio que tanto me gusta.

    Saludos!!!
    Ivana said...
    Emanuel....como siempre brillante tus relatos....

    Luego de leerlo, pienso por unos instantes....será que cada uno de nosotros tiene un costado solitario, y muchas veces pr enfrentarse con una determinada realidad, no logra sacarlo al exterior. Creo que Gaspar era feliz así, estaban su mundo y él, pero intuyo que el día "D", será cuando advierta que habia otro mundo esperandolo afuera.

    Gracias por permitirme "volar" en cada uno de tus escritos...la imaginación nunca muere...

    Haré un habito visitarte...así lo necesita mi interior...

    Saludos...y sigue así!
    Anónimo said...
    Hola, Memo.
    Siempre original con tu Blog, hoy no tuve tiempo de leer nada, pero de seguro interesante. Hasta luego.
    ShereKhan del Y!R
    Anónimo said...
    !Hola es la primera vez que visito tu blog me di tiempo para leer parte de este y me agrado demasiado !!!esta genial¡¡¡ TEN POR SEGURO QUE CADA QUE PUEDA LO VISITARE !!!MUCHAS FELICIDADES¡¡¡
    DudaDesnuda said...
    Qué podemos saber, tal vez no sea el final, sino el principio de sus verderos sueños...

    Besos y humo
    Angelica Bermejo said...
    Excelente trabajo, me encontre el blog por casualida, soy de tijuana, mexico, me gusto tanto que he puesto un enlace en el mio para visitarte mas seguido si no te molesta, de nuevo, me encanto tu trabajo.
    Penélope said...
    me gustan mucho tus cuentos, Memo...

    besos
    Emmanuel Frezzotti said...
    Hoy volví a leer este cuento. Gaspar es, sin dudas, (y debo admitirlo) mi peor temor, el futuro que no quiero vivir. Encuentro en su personalidad, defectos de la mía; y tal vez me da miedo.
    Anónimo said...
    sigo diiendo de que eres fenomenal,besitos
    Anónimo said...
    Me aburres...
    Emmanuel Frezzotti said...
    Anónimo: Lo bueno del ser humano es que sus gustos son muy variados; y lo bueno de Internet es que es muy amplia. Sé que puedo ser muy aburrido, no te preocupes, hallarás algo que te entretenga. Muchos saludos!

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