(Des)Encuentro

El sol, cada vez más, se acerca al horizonte tiñéndolo de un anaranjado suave, mientras el tren quiebra la llanura con su incesante marcha. Todo posee un movimiento mágico e, incluso, una increíble quietud; al mirar hacia el exterior puedo ver el sol, el horizonte lejano e inalcanzable y al tren mismo perfectamente detenidos mientras que todo lo demás pasa sin hartazgo de derecha a izquierda en esta ventanilla. Soy, tan sólo, un voyeur que mira atentamente el mundo pasar, un testigo de lo fugaz del presente, un alma en búsqueda, un sujeto con destino pero sin rumbo. Siento como mi corazón comienza a latir más despacio, susurrándome profundas conversaciones, silenciosos recuerdos, y no puedo dejar de pensar que encontraré cuando comience a buscarte.
Estoy lleno de preguntas que carecen de respuestas. No entiendo qué fue lo que sucedió, por qué nuestros caminos tomaron rumbos distintos, y cómo es que ya hace tanto tiempo que no sé nada de ti. Hacía días, tal vez meses, que no me detenía a pensar, ni por un segundo, en tu persona; pero algo, no sé qué, te trajo a mi mente de una manera insoluble. Los primeros días traté de dibujar de memoria tu rostro, pero el tiempo había hecho estragos y mi lápiz no logró completar los baches infinitos de la imagen borroneada por la corrosión. Pero anteanoche te soñé, fue uno de esos sueños tan reales que se pueden palpar: me encontraba caminando en uno de esos otoños de veredas frondosas y cielo gris, iba a ninguna parte, como siempre, y en una esquina (la esquina que nos pertenece, ¿la recuerdas?) te vi venir, tu imagen estaba completa esta vez, hasta mi sueño logró crear de manera fiel ese brillo casual que la luz dejaba en tus mejillas y que tanto placer me daba observar. Yo me detenía, secuestrado por la sorpresa y apresado por la emoción, a esperarte; tú te acercabas con esa sonrisa a medio dibujar y tu mirada llena de picardía. Pero al momento de estrecharte en un fuerte abrazo tu cuerpo se convertía en aire, en pequeñas partículas brillantes que la gravedad y la brisa me robaba para siempre. Y de pronto me encontraba solo, caído de rodillas en nuestra esquina, llorando y preguntándome dónde estás.
Fue tan solo un sueño. Creo.
Aquel día después de aquella noche fue lluvioso. Me sentía abatido, con una gran depresión, sumergido en una enorme soledad. Caminé bajo la lluvia por horas, entre adoquines y charcos, sin poder dejar de pensar en ti, en esos días maravillosos de besos eternos y abrazos cargados de afecto. Mientras caminaba las calles estaban vacías, como si una gran burbuja invisible me envolviera y me transportara a otro tiempo, dejándome solo en una ciudad congelada, donde hasta las gotas de la lluvia permanecían quietas esperando que mi cuerpo y mis ropas las impacte. Te extraño, pensé.
Y me subí a este tren que tal vez debería haber tomado antes, con la esperanza que al regresar a mi ciudad pueda encontrarme contigo, en cualquier sitio, por cualquier casualidad. Y mientras miro al sol terminar de desaparecer detrás del horizonte, siento entremezclarse mis recuerdos con mi imaginación y no logro distinguir qué fue real en aquellos tiempos; ¿existieron esas largas tardes en que descargabas tu bronca hacia el mundo mientras llorabas en mi hombro? ¿Fue real esa noche, nuestra última noche, en aquel campamento en esa fría primavera?
El tren comienza a aminorar su marcha. Y la vieja estación estilo inglés se hace visible. Todo está como antes, tal vez un poco más deteriorado. Descubro lágrimas en mis ojos mientras aferro con fuerzas la maleta cargada de sueños y utopías y un dibujo fidedigno de tu rostro realizado después de una tarde lluviosa. El tren finalmente se detiene y su bocina lanza su último alarido. He llegado, otra vez, después de tanto. ¿Caminarán, tus pasos, estas calles todavía? Al avanzar un miedo me invade, es el temor de oír tu voz, dulce, delicada y tierna, en mis espaldas y al voltearme descubrirte feliz con una vida ya armada. O tal vez es el temor de que tu nariz, gruesa y respingada, no vuelva a untarse en mis mejillas. O quizás el problema es que sé que podré no encontrarte y convertir mi vida en un gran reproche.
Tal vez no debería haberme marchado nunca, lo sé; tal vez nunca deberías haberme dejado ir...
(¿Continuará?)
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Comentarios
Bye
Julyet@
Me fascinó, me encantó.
jaja.. vi la dirección de tu blog en "Yahoo respuestas" y ps, aquí estoy dejandote un comment.
Por si te interesa leer mi blog, tengo algunas narraciones de corte siniestro de mi autoría.
La dirección de los relatos es:
http://glgaleryantiques.blogspot.com/
Seremos viajeros cada segundo... Felicitaciones nuevamente!!!
http://sitiobizarro.spaces.live.com
segui asi memo besoss